Se quiera o no, una mujer con un buen culo tiene abiertas muchas puertas y si encima, esta prominencia que Dios creó para goce del hombre, está sustentada por un buen par de piernas y una buena delantera, el coctel puede ser explosivo.
La mujer de hoy lo sabe y lo explota todo lo que puede, un buen trasero es una buena tarjeta de visita, si bien una mujer que solo disponga de estas armas solo va a impresionar a primera vista, porque después tendrá que hacer diabluras para conseguir algo y eso está muy claro.
Aunque una mujer tenga la cabeza bien amueblada, qué duda cabe que para empezar necesita una buena tarjeta de presentación que le habra las puertas y esto pasa por tener un buen pompis con dos buenos soportes, evidentemente una vez pasada la presentación hay que demostrar que se tiene algo más que esos accidentes geográficos, que a la postre solo sirven para impresionar y para que se fijen en ella a primera vista.
Por supuesto que una vez conseguido lo que en un principio se perseguía que no era otra cosa que apabullar a la audiencia con un cuerpo diez, solamente queda por decir, ahora vais a ver lo que llevo dentro de la cabeza y es una lástima que una mujer tenga que intimidar primero con su cuerpo, para luego poder demostrar su valía con su cerebro.
¿Llegara la mujer a ejercer su autoridad de una forma total sobre los demás especímenes de la tierra?, por supuesto incluyendo al hombre, aunque de momento y esto no es nuevo, la mujer tiene dominado al hombre (desde que el mundo es mundo) empleando todas sus sutilezas y finuras que no son pocas y en esa maraña tan sutil no hay hombre que no se quede atrapado por muy machote que se crea y eso es algo en la práctica, de una evidencia total.
En todo el orden social la dominancia es algo que no se da por casualidad y para cambiar esta situación no vale la fuerza, ni la sutileza, sino que todo se tendría que desarrollar de una forma natural y en orden.
Yo me hago una reflexión en voz baja y me pregunto, ¿si esto por desgracia para el hombre llega a suceder, de que nos tendríamos que valer para imponer aunque solo fuese de una forma sutil, un dominio aunque solo fuese efímero.
Se supone que el hombre también tiene apéndices atractivos en su cuerpo como para atraer a una mujer a sus redes, ya nos vemos por si las moscas, a cuidarnos el trasero y como no a mimarnos el paquete, que dado el caso bien se podría convertir en una buena tarjeta de presentación.
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