Amistades peligrosas
Alberto salió de su casa como de costumbre, dispuesto a pasar un fin de semana a tope como demandan sus veinte años recién cumplidos, se despidió de sus padres con un beso y tubo que oír por ultima vez el consejo de su madre ¡ten cuidado hijo no te metas en líos!, no te preocupes mama que no me pasara n
ada.
Lejos estaba Alberto de imaginar lo que aquella noche iba a significar para el, había quedado con su pandilla de siempre, a la que se le había unido un nuevo miembro Carlos un chaval serio, pero un tanto enigmático que no tardo en congeniar con Alberto, se dirigieron al lugar de costumbre que no era otro que una plaza alejada del centro en la cual podían estar tranquilamente bebiendo y oyendo música sin que nadie les molestara, allí estuvieron hasta bien entrada la madrugada que ya todos un poco calentitos decidieron irse cada uno a su casa. Carlos invito a Alberto a ir a su casa puesto que sus padres se habían marchado de viaje, ese fin de semana estaba solo en casa y así podrían rematar la noche tranqu
ilamente en su casa, así lo hicieron y se dirigieron a casa de su amigo, ya en casa continuaron con la música y la bebida, Carlos un poco mayor que Alberto y con mas experiencia de la vida hizo una llamada de teléfono y al poco se presentaron dos amigas que animaron la fiesta hasta cotas inimaginables, todo era jolgorio placer y sexo, pero la mente un tanto enigmática y retorcida de Carlos no paraba de maquinar y propuso que podrían coger el coche, que conocía un lugar un poco alejado pero con mucha marcha, todos estuvieron de acuerdo y es que los cerebros no estaban para pensar si no para dejarse llevar por la locura.
Llegaron al lugar que les había dicho Carlos un lugar solitario y un tanto siniestro, entraron en una especie de nave semi abandonada donde la luz brillaba por su ausencia y se dirigieron a una especie de barra donde continuaron bebiendo, a Carlos se le dirigió un individuo con largas melenas y un tanto mal encarado, que ofreció algo a lo que Carlos no dudo en aceptar y es que para continuar con el frenesí se necesitaba algo que fuese mas fuerte que el alcohol , los cuatro ya totalmente fuera de si aceptaban cualquier cosa que les mantuviera despiertos y en forma para continuar con su propio desenfreno. Ya con el el sol en su cenit decidieron marcharse a casa, cogieron el coche y emprendieron una huida hacia ninguna parte y es que los cerebros no est
aban para pensar, ni la vista para ver y ni los cuerpos para tanto ajetreo, pero ellos iban alegres y contentos, quizás se creían los reyes de la carretera, hasta que una curva los devolvió a la cruda realidad, el coche quedo empotrado en un árbol y los cuerpos de los cuatro amigos desparramados por el suelo y todos cubierto de sangre, hasta esa situación les había llevado su propia inconsciencia.
A los pocos días Alberto se despertó tumbado en la cama de un hospital rodeado de sus padres, pregunto que había pasado, sus padres le contaron que había tenido un accidente de trafico y que el conducto del coche había muerto y las dos chicas estaban muy mal heridas. Alberto no comprendía nada, su mente no podía recordar lo que había pasado, había pasado toda la noche en una nube y ahora se encontraba mal herido en un hospital.
Alberto se curo de sus heridas físicas, pero de las psíquicas puede que tarde mucho tiempo en recuperarse y es que de las malas compañías hay que huir como de la peste si es posible.