Nadie sabe dónde va a nacer, como tampoco sabe cuánto va a vivir y como no podía ser de otra manera tampoco sabe cuándo va a morir y de qué forma, estas tres premisas van unidas al ADN de todas las personas y por mucho que algunas personas intenten modificarlo nunca lo conseguirán y esa es la grandeza de esta vida, todos nacemos, vivimos y morimos por este orden, aunque también hay que decirlo, unos más ricos que otros, pero esto es algo terrenal y transitorio, porque de esta vida nadie se va a llevar nada.
Hay una canción, por cierto muy bonita que empieza así, Haciendo barcos de papel, los años se fueron marchando; aunque ya todo termino, yo sigo siendo el capitán…de mi barrio, pero claro, esto es una canción, muy bonita pero solo una canción, cuando a los mortales los años se nos marchen ya no seremos capitanes de nada, solamente seremos un montón de huesos en alguna tumba y si nos incineraron ni tan siquiera eso.
Si nos diera por pensar un poco, llegaríamos rápidamente a la conclusión de que efectivamente no somos nada, vivimos en el filo de la navaja, nos acechan peligros por todas partes y aun así nos aferramos a la vida como quien se agarra a un clavo ardiendo y es que nadie se quiere marchar por muy mal que le vaya en este mundo, puede ser que todos en el subconsciente llevemos gravado que esta vida es única y que el más haya simplemente no existe.
En esta mísera o placentera vida, todos tratamos de acaparar los mayores bienes posibles, coches, Chalet con mil metros de parcela, pisos de más de cien metros cuadrados, en una demostración de poderío absurda, porque al final de nuestros días que tampoco son muchos, todos, digo bien, todos iremos a parar a una fría tumba de poco más de dos metros por uno, mísero final, porque en este palacio descansaras por toda la eternidad, aunque esto es tan relativo como la vida misma.
PD: Si todos tuviéramos una segunda oportunidad de vivir, seguro que esa segunda vida no iba a parecerse ni por asomo a la primera, pero eso no deja de ser otra absurda quimera.