Ir a por uvas
La vendimia aunque a muchas personas le parezca algo idílico, no lo es ni mucho menos, en el campo lo único bueno que se puede hacer es ir a comer la tortilla los domingos, lo demás es una verdadera pena, si hace calor, te asas, si hace frío te congelas, si esta nublado bien, pero corres el riesgo de mojarte y si llueve entonces es un verdadero asco.
El día comienza a las ocho de la mañana y salimos del pueblo en dirección a la viña que le toque en suerte, o aquella que dejasemos el tajo el día anterior, la llegada a la viña comienza como siempre, preparando el cargador, las espuertas, si tienen agua las pámpanas poniéndote los pantalones de plástico un chubasquero y los guantes de plástico, si es el primer día se forman las parejas, porque aquí lo hacemos así, una espuerta dos personas.
Y comienza la vendimia propiamente dicha, que no es otra cosa que ir cepa por cepa cortando la uva y depositandola en la espuerta y cuando esta esta llena se lleva hacia el remolque y se descarga en el deposito del cargador y este automáticamente al notar el peso se dispara hacia arriba echando la uva al remolque. Ni que decir tiene que esta operación se repite una y otra vez hasta la saciedad.
A las diez mas o menos llega la hora del almuerzo, hay que reponer fuerzas y descansar un poco, cada cual lleva su almuerzo y por lo tanto cada uno come lo que lleva de casa.
Terminado el almuerzo continua la vendimia, la misma canción espuerta va y uvas que vienen al remolque, así hasta las doce que viene la hora del cigarro, no es que halla que fumar, simplemente es una forma de descansar un rato y echar un trago de agua, o echar un cigarro el que fume, faltaría mas.
Después de veinte minutos mas o menos vuelta a lo mismo, a estas alturas ya los cuerpos empiezan a notar el cansancio, pero la hora de la comida esta cerca y esto da ánimos para seguir, el sol comienza a hacer estragos, se deja caer de forma brutal y sin conocimiento y esto se nota en el cuerpo, pues cuesta trabajo tirar de el.
Por fin llega la hora de comer, las dos de la tarde, la gran parada como digo yo, dos horas para comer y para echarse la siesta, las comidas en el campo y concretamente en la vendimia suelen ser, arroz, patatas fritas y el clásico mojete, el mojete para aquel que no sepa como se hace diré que es muy sencillo, se pone la sartén con una poca de aceite a la lumbre, cuando esta caliente se echa los trozos de carne o el bacalao y se sofríe (esto se lleva preparado de casa) a continuación se echan las patatas y se rehogan un poco, a continuación se cubre de agua y se cuece hasta que las patatas estén echas y listo para comer.
Con las comidas siempre hay muchas anécdotas sobre todo con las malas, me acuerdo de una que fue demasiado, era un mojete de bacalao y lo hicieron como de costumbre, pero no tuvieron en cuenta que era bacalao y le echaron mas sal sin tener presente que estaba desalado a medias, menuda salmuera, no se lo que comimos pero si se que toda la tarde estuvimos bebiendo agua.
Bueno después de comer viene la siesta, hay que buscar la sombra y por si fuera poco hay que arroparse para que no te coman las moscas, pero es la única forma de dormir un poco.
Arrancar después de la siesta es demencial, es cuando mas calor hace y los cuerpos están entumecidos, agacharse cuesta mucho trabajo, pero al cabo del rato el cuerpo se amolda y así se va vendimiando hasta las seis de la tarde que viene el ultimo cigarro, aquí si que el que mas o menos se tira al suelo con desesperación, termina la parada y se comienza de nuevo, aun nos queda una hora larga que se hace interminable, los cuerpos están ya para pocas florituras, hasta que el capataz dice venga ayudad que nos vamos, es la palabra mágica lo que todos estábamos esperando, se recoge todo dando por terminado el día de vendimia, mañana será otro día, ¡Por cierto quedáis todos invitados!.
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